jueves, 11 de diciembre de 2008

Declaración sobre la violencia: Sevilla 1986

Me pidieron en el programa de radio que les proporcionara el Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia; lo publico para que lo analicen. Este escrito fue elaborado en 1986 por un equipo de especialistas en ocasión del Año Internacional de la Paz; posteriormente organizaciones de todo el mundo se adhirieron a él y fue adoptado por la UNESCO en 1989.



Declaración sobre la violencia

(Sevilla, 1986)

Convencidos de nuestra responsabilidad de definir, desde nuestras disciplinas respectivas, la más peligrosa y destructiva de las actividades de nuestra especie, violencia y guerra, reconocemos que la ciencia es un producto de la cultura humana ,y, como tal, no puede ser definitiva ni abarcar todo. Agradecidos por el amable apoyo que nos han brindado las autoridades de Sevilla y los representantes de UNESCO en España, nosotros, los que firmamos, provenientes de todo el mundo y estudiosos de las ciencias pertinentes, nos hemos reunido y llegado a la siguiente Declaración sobre la violencia. En ella cuestionamos un número de hallazgos biológicos que han sido utilizados, incluso en algunas de nuestras disciplinas, para justificar la violencia y la guerra. Dado que estos hallazgos legítimos han contribuido a proyectar, en nuestros días, una atmósfera pesimista, consideramos que el rechazo abierto de estas declaraciones equivocadas puede contribuir, de manera significativa, al Año Internacional de la Paz.

El mal uso de las teorías y datos con los que se justifica la violencia y la guerra no es nada nuevo, sino que han sido elaborados a partir de la aparición de la ciencia moderna. Por ejemplo: la teoría de la evolución se ha utilizado no sólo para justificar la guerra sino para el genocidio, colonialismo y supresión de los débiles.

Exponemos nuestra posición por medio de cinco propuestas. Estamos conscientes de que existen otras muchas conclusiones sobre la violencia y la guerra, que podrían utilizarse provechosamente, desde el punto de vista de cada una de nuestras disciplinas, pero nos limitamos a lo que consideramos el más importante primer paso.

ES CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO decir que hemos heredado de nuestros antecesores animales una predisposición para hacer la guerra. Si bien es cierto que entre las especies animales existe una lucha abierta, son pocos los casos que se conocen, hoy en día, de luchas intraespecie entre grupos organizados de animales y en ninguno de ellos se utilizan utensilios diseñados para medios ofensivos o defensivos. Alimentarse, normalmente, de otras especies no puede compararse con la violencia intraespecie. La guerra es un fenómeno característico de los humanos y no aparece entre los animales.

Es un hecho que la guerra ha sufrido un cambio radical a través del tiempo, lo que indica que es un producto de la cultura. Su conexión biológica es, principalmente, el lenguaje ya que posibilita la coordinación entre grupos, la transmisión de tecnología y el uso de herramientas. La guerra es biológicamente posible y, sin embargo, no es inevitable, como se comprueba en las diversas variantes de incidencia y de características en el tiempo y en el espacio. Existen culturas en las que, durante siglos, no ha habido guerras, y hay otras culturas que, con frecuencia, han hecho la guerra en algunas ocasiones y en otras no.

ES CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO decir que la guerra u otro comportamiento agresivo está genéticamente programado en nuestro ser. Los genes están involucrados, en todos los niveles, en la función del sistema nervioso y proveen un desarrollo potencial que solo se activa en conjunción con el medio ambiente ecológico y social. Lo que determina la personalidad del individuo es su predisposición al cambio cuando, por sus experiencias, se ve afectado, y también por la interacción entre su dotación genética y la condiciones de su crianza. Excepto en patologías muy raras, los genes no producen individuos necesariamente predispuestos a la violencia. Tampoco determinan lo contrario. Los genes sí están coinvolucrados en el establecimiento de nuestras capacidades de conducta, pero no son ellos mismos los que especifican el resultado.

ES CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO decir que en el transcurso de la evolución humana haya habido una selección para el comportamiento agresivo mayor que para otros tipos de conducta. En todas las especies estudiadas detenidamente, su status, dentro del grupo, depende de la habilidad de cooperación para el desempeño de las funciones sociales que conciernen a la estructura de dicho grupo. La "dominación" implica lazos sociales y filiaciones; no se trata de una simple posesión y utilización de fuerza física superior, aunque sí implica conductas agresivas. Cuando artificialmente se ha introducido en animales una selección genética de conducta agresiva, se ha logrado producir con éxito y rapidez individuos hiperagresivos, lo que indica que la agresión, en condiciones normales, no viene predeterminada. Cuando estos animales, con los que se experimenta tornándolos artificialmente hiperagresivos, están presentes en un grupo social, o rompen la estructura social del grupo o son expulsados. La violencia no está ni en nuestro legado ni en nuestros genes.

ES CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO decir que los humanos tienen "mente violenta". Tenemos un aparato nervioso para actuar violentamente, pero este no se activa automáticamente, por medio de estímulos internos o externos. Igual que los primates más evolucionados y desigual con relación a otros animales, nuestros procesos nerviosos superiores filtran dichos estímulos antes de que se dejen activar. Nuestra manera de actuar se determina conforme hayamos sido condicionados y socializados.

Nada, en nuestra constitución neurofisiológica, nos impulsa a reaccionar violentamente.

ES CIENTÍFICAMENTE INCORRECTO decir que la guerra es una consecuencia del "instinto" o de alguna motivación. La guerra moderna ha sido el recorrido que va desde la primacía de factores emocionales y de motivación, a veces llamados "instintos", a la supremacía de factores cognoscitivos. Esta involucra el uso institucional de características personales como son la obediencia, la sugestibilidad y el idealismo; las habilidades sociales como el lenguaje; las consideraciones racionales como son los cálculos de costos, planeaciones y procesados de información. La tecnología de la guerra moderna ha exagerado rasgos que se asocian con la violencia en el entrenamiento de combatientes, y en la preparación de apoyo a la guerra de la población. Debido a esta exageración de rasgos, éstos se toman, con frecuencia y equivocadamente, por las causas en vez de las consecuencias de proceso.

Afirmamos que la biología no condena a la humanidad a hacer la guerra, y que la humanidad se podría librar de la esclavitud del pesimismo biológico y tener la confianza necesaria para realizar la tareas de transformación que se necesitan, en esta Año Internacional de la Paz, y en los años venideros. A pesar de que estas tareas son, principalmente de índole institucional y colectiva, también descansan en la conciencia de los participantes individuales para quienes el pesimismo y el optimismo son factores cruciales. Así como la "guerra se inicia en la mente humana" también la paz se origina en nuestras mentes.

La misma especie que inventó la guerra tiene capacidad para inventar la paz. La responsabilidad está en cada uno de nosotros.

Sevilla, 16 de mayo de 1986

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