sábado, 7 de febrero de 2009

Dos feminismos y dos reuniones en México: Sara Lovera


La capital de la república mexicana se convertirá, en marzo, en la sede del encuentro que, cada dos o tres años, realizan las feministas de la región latinoamericana y caribeña desde hace 28 años.

Se esperan dos reuniones: una de las feministas llamadas "autónomas" y otra de las plurales, de partidos políticos, de organizaciones no gubernamentales e incluso institucionales y/o gubernamentales.

En el XI Encuentro Feministas de Latinoamérica y del Caribe los informes serán de María Eugenia Romero y del Comité Organizador, cuya secretaria técnica es Pilar Muriedas, ambas de México. En tanto, en la cita paralela informará la académica y feminista de origen italiano Francesca Gargallo.

Según la información oficial de una y otra reunión, se espera que unas 2.000 participantes coincidan, entre el 10 y el 25 de marzo, en esta ciudad, que ha sido escenario en los últimos años de las más nutridas movilizaciones políticas y donde se halla la historia de uno de los movimientos feministas con mayores logros en la región.

La histórica diferencia entre quienes admiten que las instituciones han ido incorporando, lentamente, la perspectiva de las feministas en las políticas públicas y quienes afirman que el feminismo es una vía para terminar con el patriarcado en todos sus órdenes, sin mediaciones y sin instituciones, surgió en el Sexto Encuentro, realizado en El Salvador, en 1993.

Por entonces se había incorporado la peruana Virginia Vargas a las tareas de organización de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, y las organizaciones no gubernamentales habían conseguido recursos económicos permanentes para promover los derechos de las mujeres.

La división parecía, en principio, artificial y se ubicó como una diferencia entre la socióloga Vargas con la arquitecta chilena Margarita Pizano, una histórica negociadora, incluso con la dictadura chilena, para abrir espacios de mujeres y hablar de feminismo en las peores condiciones.

Sin embargo, Pizano, quien era reconocida regionalmente, más tarde descalificó la actitud de Vargas y sus seguidoras por pactar y acordar acciones con la Organización de Naciones Unidas.

Seguidoras de Pizano fundaron la tendencia autónoma, que se opone a lo que llaman institucionalización del feminismo, y aseguran que se está reciclando el patriarcado.

En México será la primera vez que habrá un encuentro paralelo, retando a lo que los textos de las mujeres autónomas llaman "oficial".

Una crítica al órgano técnico del XI Encuentro, que ha seguido la tradición de las reuniones, es que el Comité elegido firmará un convenio con el jefe de gobierno del Distrito Federal, de origen socialdemócrata, administración a la que se le reconoce una intención avanzada para aplicar políticas públicas a favor de la población femenina.

En la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, parte del proyecto político del gobierno del Distrito Federal, laboran algunas de las organizadoras de la reunión paralela.

En tanto, las organizadoras señaladas como oficiales están incorporadas a un sinfín de proyectos institucionales del Gobierno de la Ciudad de México, algunas incluso son funcionarias, diputadas o promotoras de leyes que protegen a las mujeres.

Las conclusiones del X Encuentro, realizado en Brasil en 2005, enfrentaron en los años siguientes el crecimiento exponencial de la violencia contra las mujeres, la profundización de la pobreza y la aparición de una nueva derecha política, "y es eso lo que hay que discutir", insistió Romero.

El documento final de aquella cita señalaba textualmente: "Son necesarias las acciones y el trabajo que favorezcan las condiciones de las mujeres, acabar con la violencia, con las guerras y la pobreza, el fin del patriarcado; lo que no queremos es que sea el dinero y el privilegio de algunas y algunos quienes nos usen para legitimar nuevamente el despojo de las feministas, es nuestra memoria histórico-política la que una vez más se pronuncia para exigir que al movimiento feminista recobre la rebeldía, la desobediencia, la radicalidad y la creatividad del feminismo".

El encuentro en Brasil contó con mayoría de feministas "autónomas", pero lo que ahora se prepara en México parece retomar procesos que avanzaron desde 1981 en Colombia, en el tono de ir logrando pequeños y grandes progresos.

Fue ahí donde se decretó el 25 de noviembre como Día de lucha por la eliminación de la violencia contra las mujeres, que fue retomado nueve años después por la ONU. Fue en Argentina, en 1990, durante el V Encuentro, donde se inició la campaña latinoamericana por la despenalización del aborto, que se hace todos los 28 de septiembre desde entonces.

Guyana y la capital de México son los dos lugares donde esa campaña obtuvo logros concretos. Hay algunos avances en Brasil, pero al menos en una decena de países de la región esta práctica está totalmente prohibida. Incluso hubo retrocesos significativos en Chile -cuna del feminismo autónomo- y en Nicaragua. La legislación sobre aborto en Puerto Rico y Cuba obedece a procesos concretos.

La cita que actualmente se prepara en México centrará sus discusiones, según Romero, en el tema del fundamentalismo, al reconocer que la derecha política atenta contra los logros alcanzados en el campo de la sexualidad y la salud reproductiva; que usa un doble lenguaje y no hace nada para detener la violencia y la impunidad.

En el otro extremo, la declaración de las feministas autónomas es contundente: "Retomando el espíritu inicial con el que surgieron los encuentros feministas latinoamericanos, este Encuentro feminista autónomo, haciendo comunidad en la Casa de las Diferencias, será autofinanciado y no se cobrará ningún tipo de entrada, ni hospedaje. Se realizará gracias a la solidaridad de nuestras compañeras mexicanas que nos alojarán y organizarán un espacio para nuestro encuentro. Al llegar, haremos un fondo común para nuestras comidas y bebidas diariamente".

Los encuentros feministas latinoamericanos y del Caribe

Encuentros realizados
1º Colombia, 1981
2º Perú, 1983
3º Brasil, 1985
4º México, 1987
5º Argentina, 1990
6º El Salvador, 1993
7º Chile, 1996
8º República Dominicana, 1999
9º Costa Rica, 2002
10º Brasil, 2005

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