jueves, 26 de febrero de 2009

"A mi no me da miedo la muerte, me da miedo lo otro: el deshonor": Shajriza Bogatyreva


Fuente La Jornada

Por Ericka Montaño Garfias

Los pueblos minoritarios enfrentan una seria amenaza: la rusianización que llevará tarde o temprano a la pérdida de su lenguaje, cultura e historia.

Frente a esa homogeneización existen voces como la de la escritora Shajriza Bogatyreva, quien pertenece a la etnia karachai (los que viven al pie de la montaña), uno de los tres pueblos más importantes que conforman la República de Karachaévo-Cherkessia, emplazada en una de las zonas más conflictivas del mundo: el Cáucaso.

Debido a su postura política, de oposición a un régimen impuesto desde Moscú, Bogatyreva, escritora y periodista, salió de su país por amenazas de muerte y ahora es huésped en Casa Refugio Citlaltépetl.

Desde hace poco más de un mes vive algo que ya había olvidado: la paz y la tranquilidad.

Miseria humana

Durante un tiempo, Shajriza Bogatyrova vivió en Moscú, donde alcanzó reconocimiento por su trabajo literario. Al regresar a su país encontró a su pueblo sumido en lo que llamó miseria humana.

En una charla con los medios precisó: “Con miseria humana no me refiero a pobreza, porque somos un país con recursos, sino a algo diferente, que me llevó a preguntarme qué estaba pasando con la cultura de las minorías.

Los habitantes del Cáucaso, por tradición, son libres, orgullosos de sí mismos, pero lo que encontré a mi regreso fue algo triste.

Comenzó a escribir sobre ello en artículos periodísticos (ella marca una división clara entre su obra literaria, a la que ve como herramienta para rescatar la historia de su pueblo, y su trabajo periodístico, dedicado a los temas actuales y políticos).

Desde 2003, con la llegada al poder del presidente Mustafá Batdiev, impuesto por Moscú, comenzaron las amenazas. Por desgracia, no soy de las mujeres que se quedan sentadas en su casa.

Las amenazas que eran de muerte eran las más agradables, dice esta mujer musulmana de ojos claros. Su temor más fuerte era al deshonor (las amenazas también incluían la violación) y la muerte de sus familiares. Apenas el pasado 13 de febrero fue asesinado su primo, un líder intelectual, perteneciente a una de las familias más antiguas de la región.

A mí no me da miedo la muerte, me da miedo lo otro: el deshonor, y aun cuando estaba protegida por su pueblo y su clan, decidió viajar a México. En mi país dejé mi alma, mi hermana, mi madre y mi tía. Soy divorciada y no tengo hijos porque me dediqué a la lucha. Luchar no permite tener familia.

Relegan el idioma karachai

Desde su trinchera de palabras, Shajriza Bogatyreva se opone al proceso de desaparición de las minorías –de los pueblos chiquitos, como dijo la traductora–, sus artículos periodísticos fueron prohibidos en los periódicos locales, porque hablaba de la injusticia, la represión y el peligro de la homogeneización cultural, de la cual un ejemplo es que los textos ya no aparecen en karachai, sino en ruso, y ahora muchos hablan mal su idioma original.

A esa homogeneización la define como rusificación. Al respecto, advierte: “no beneficia ni a los rusos ni a los pueblos chiquitos. Siempre he tenido amistades con diferentes nacionalidades, cada uno con su propia cultura y tragedia; eso es lo que nos hace ricos, y no tenemos que convertirnos en una masa sin cara. La rusificación va encaminada a una cara sin sentido.

Amo a mi país, a mi pueblo. Odio a los poderes central y periférico. No soy nacionalista. Reconozco que en mi sangre hay varias mezclas, pero quiero que esté todo en su lugar; no por mí, sino por mi pueblo.

Por lo pronto Bogatyreva, a quien le prohibieron realizar una manifestación con motivo del asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya, continuará su trabajo desde México. Ahora prepara un libro titulado Problemas de las naciones minoritarias en Rusia.

Lo que ocurre provoca la pérdida de la cultura. No tenemos que sobrevivir, sino vivir nuestra cultura, dice Shajriza, cuyo apellido –Bogatyreva– significa una persona fuerte como un guerrero.

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