domingo, 5 de abril de 2009

Memorias de la huelga. A 10 años de la pinche huelga por Lydiette Carrión



Eran los primeros días de la huelga. La fractura entre moderados y radicales no era definitiva.

Salimos unos seis o siete de la Facultad de Ciencias Políticas alrededor de las 12 de la noche. Fuimos a nadar. Las asambleas por facultades todavía no habían prohibido la entrada a la alberca de CU, por razones de “seguridad”.

Ahí me encontré a un novio del CCH. Él estaba en Química y era de los radicales. Nos metimos al agua. Era la primera vez que nadábamos juntos, a pesar de haber sido novios casi todo el bachillerato. Ahora, separados, sólo amigos, nos volvíamos a encontrar en medio de la euforia de los primeros meses de huelga.

Caminamos de regreso, mojados, helados y contentos. Descubrimos por primera vez lo que estaba ocurriendo. La escuela nunca fue tan nuestra, tan querida, porque nunca había sido arrebatada con todo su esplendor. Era abril: hacía calor, Ciudad Universitaria estaba floreciente, verde, completamente viva.

Esos primeros días fueron los mejores: patinar por todo el circuito libre de coches, nadar en la madrugada, cenar en Filos, dormir en Química, apuntalar barricadas en Derecho, desayunar en Economía, deprimirse en las asambleas de Políticas pero inaugurar el flamante auditorio Flores Magón; conocer a los verdaderos ciudadanos de CU: los tlacuaches; pasar una noche en vela en el escondrijo inhumano de TV UNAM; hacer rondines por los recónditos caminos salvajes en el espacio escultórico.

Después, tras tres, cuatro meses de huelga, nos dimos cuenta que nuestra Primavera del 99 tomaba tintes siniestros. Quizá lo que no dicen en los libros es que todo movimiento social se termina por desgatar, y esa oscuridad también estuvo al final en el 68 en París, o en la comuna de Paris.

Pero ahora, a diez años del inicio de la huelga, lo primero que viene a mi mente no es la violencia de las asambleas, ni el final desacreditado del movimiento de 1999. Ni siquierael hecho funesto de que la huelga, alargada al absurdo, descontrolada, haya "vacunado" a la UNAM contra el activismo estudiantil, como una vez lo describió Karina Avilés.

Llega con nostalgia el recuerdo de la alberca de CU. O cuando subimos, por un pasadizo “secreto” en los baños, al techo de la facultad de Filosofía. Los mariachis que unos compañeros llevaron, en medio del campus a sus novias. Las ensaladas de Economía y el pirata Morgan, un perro tuerto que nos seguía a todos lados. Cuando llevé a mis hermanos, de entonces 13 y 11 años, a quemar cuetes a la explanada de Políticas, y varios activistas se asomaron alarmados, porque creyeron que la policía había llegado a tomar la facultad.

El que diga que la huelga no lo marcó, para bien o para mal, está mintiendo. Como dijo un anónimo: El 68 será el rey de los movimientos estudiantiles, pero sólo corresponde al 99 el privilegio de haer creado una ciudad-Estado, con todo y aparato represor.

No hay comentarios: