miércoles, 1 de abril de 2009

México: Mensaje para el Ejército Nacional por María Teresa Jardi

Coincido con Marcelino Perelló cuando dice que Echeverría es un criminal y no un delincuente de asunto de barandilla de juzgado. Un criminal como Franco y como Pinochet, como Milosevic y como Ceaucescu, sí, un criminal de la misma calaña que esos y que tantos otros criminales monstruosos que hoy abundan en el mundo y hasta hace muy poco con Bush a la cabeza.

Un criminal sin la grandeza de algunos y apenas con la miseria de todo gobernante odiado y despreciado por un pueblo que mal gobernó. Pero Echeverría también es un genocida.

Quizá sea cierto que decir que el 2 de octubre, en aislado, se cometió un genocidio es exagerado.

Y, seguramente, como una exageración, necesaria, de cara al mensaje, que es de lo que trata, lo hayan visto los jueces comprados al señalarlo, a la par que exoneraban al responsable de ese crimen monstruoso que además ha traído muchos otros aparejados.

Puede ser que el 2 de octubre en solitario se haya cometido sólo una masacre por parte del gobierno mexicano, como dice Marcelino, contra los integrantes del Movimiento Estudiantil del 68 y sus familiares y hasta de los que pasaban por la Plaza de las Tres Culturas paseando o yendo o viniendo de otros menesteres. Pero, además de que una característica del genocidio es la persecución con fines de exterminio de un grupo y de que en México desde el 68 ser joven se convirtió en un delito. A la masacre del 2 de octubre del 68, le siguió la del 10 de junio de 1971, conocida como Jueves de Corpus y para cuando se dio la segunda Echeverría ya se había convertido, merced a la otra, en presidente de la república. Es redonda la cosa. Y si se suman juntas las masacres del 68 y del 71 y se les añade la represión brutal, Brigada Blanca incluida, para combatir a un movimiento guerrillero, que nacía de las masacres anteriores, y el que, en todo caso, podía y debía ser combatido por las vías legales y no con escuadrones de la muerte ni organizando una guerra sucia.

Y la exoneración del verdadero responsable del genocidio, dictada por un Poder Judicial igual de vendido y entreguista que el Ejecutivo y que el Legislativo en el que convergen todos los partidos, la exoneración de Luis Echeverría, sólo adquiere sentido porque se busca el que el Ejército Nacional pase a ser, en solitario, de manera automática el responsable, máxime cuando se reconoce que sí se dio un genocidio.

Y ese es el mensaje que se da con “el perdón”, de la fascista derecha, a Luis Echeverría Álvarez, seguramente convenido de cara a las nuevas masacres que los gringos van a encabezar y decidir.

Un paso más sumado a las masacres que aquí se cometen, desde la llegada del usurpador todos los días, con las impunes ejecuciones también como el mensaje necesario para paralizar al pueblo buscando que acepte, sin chistar, cancelación de la soberanía. Mensaje al Ejército Nacional que se suma a los otros que vaya que han funcionado bien, diez ejecutados dan buena cuenta.

Mensaje que adelanta las masacres que vienen de manera activa decididas por los gringos en nuestro propio territorio, aunque ellos ordenen, como ordenó Luis Echeverría, al Ejército Nacional, que las ejecute.

Y además la exoneración, convenida con los gringos, es incluso probable también que sea en pago de un favor. A final de cuentas, ya se sabe que Luis Echeverría fue empleado de la CIA. Y, claro, esos favores nunca se olvidan.

Y es también con ese impresentable canalla que da inicio para México la decisión por parte del gobierno gringo de colonizar nuestro país con un mexicano en la presidencia, aunque sea usurpando el cargo, pero al servicio, que hoy tienen en el usurpador Calderón, de los intereses de los gringos.

Mensaje convenido, sí, que golpea de manera brutal al Ejército Nacional. Pero de eso se trata el darlo a conocer en medio de las mentiras de la señora de Clinton como preparación de la venida de Obama a concretizar los pormenores del siniestro PLAN MEXICO (Iniciativa Mérida).

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