jueves, 9 de abril de 2009

Y a todo esto, ¿le pusieron puertas a Los Pinos?

Por Pilar Rivero

Lo más alarmante del caso Atenco no es lo ocurrido, ni la tortura a expensas de nuestros impuestos ni la innumerable serie de etcéteras que podríamos señalar. Lo más alarmante del caso Atenco es su similitud con tantas cosas pasadas y presentes en nuestro país y que con pan y circo olvidamos, y nos tiramos en la cama en espera de que una luz divina abra los cielos y baje disfrazada de la verdad que buscamos. Pero seguimos creyendo que lo que nos pasa como individuos es tan grave que merece que se abran los mares y que nos entienda media humanidad, porque “no nos encontramos”, tragedia tremenda. Y el que estemos tan confundidos y no sepamos ni qué hacer con nuestras vidas, no es sino una longeva manipulación mediática. Hoy está de moda no saber qué se quiere, y decir que necesitamos un camino de autoconocimiento, y si es posible en un spa de una playa solitaria, rodeada por las más exquisitas comodidades del caduco, anquilosado y casi muerto neoliberalismo, mucho mejor. Y todo esto es una mera suposición porque quién puede pagar semejantes costos por usar los bienes y servicios de nuestro país. Pero qué pregunta, ahí está el turismo extranjero que llenará las arcas de la nobleza mexicana, para que también puedan tener acceso a esos refinados lujos, los hijos de honorables empresarios, políticos y narcotraficantes.

Sin duda no es nuestro Presidente el que habita en Los Pinos, a cuyas puertas es prácticamente imposible llegar, porque las cercas del castillo nunca se acaban, por más que se rodeen y se rodeen y se sigan los señalamientos, esos invariablemente nos llevan a una avenida que ha hecho pinole a más de un pobre perro y un pobre mexicano, en el segundo caso en sentido figurado, claro está o vayamos a saber si en los entresuelos existen historias no contadas. El Presidente de un número alarmante de mexicanos está en esa caja negra producto del capitalismo, la que nos enajena lo suficiente para que comamos un choco roll mientras tunden a palos en vivo y en directo a culpables y a inocentes, y que lo hayamos integrado a nuestra vida, mucho más cotidianamente que lavarnos los dientes.

Eso sí, la boda del Enrique el Hermoso, atraerá la crema y nata de la más alta clase social mexicana y de la intelectualidad del TV y Novelas, y nosotros cambiaremos el choco roll por una pizza para festejar la ocasión reunidos frente al televisor y vitoreando a nuestro exime líder, que hará las delicias de al menos un par de fines de semana, de nuevo y para no variar, a expensas de nuestros impuestos. Pero que luego no pregunten, crean monstruos durante años, los critican fieramente en los medios, pero no escucho ninguna voz que les pida su dimisión. En pocos años nos encontraremos a los cortesanos de la televisora de San Ángel departiendo en la infranqueable Casa Presidencial porque a ellos sí les alcanzó para el helicóptero (con nuestros impuestos claro), porque sigo preguntándome dónde demonios está la puerta de entrada…

Los casos de Atenco de Chiapas, Veracruz y Tabasco y cualquiera que queramos inscribir en esta lista de infamias, lo hemos refundido lo suficientemente lejos para que los humores de la vergüenza no se mezcle con el aromatizante ambiental que acabamos de comprar en el Wal Mart.

Así que seguiremos sabiendo de violaciones físicas y emocionales, tanto a los presentes como a los ausentes, mexicanos a los que de puro borrachos se les reventaron las tripas y las bocas y las dignidades (sin importar si son señores, jovencitas o ancianas). Mientras celebremos que un junior extraviado dicte ahora dónde se impartirán los pilates, y si no que nos cuente Bernardo de la Garza qué tal le fue en sus estudios sobre cultura física, claro que antes le deberemos preguntar a Carlos Hermosillo entre qué temporadas tomó la carrera de Ciencias Políticas, o al menos un pequeño curso de cómo manejar, y para no olvidar, nuestros impuestos. Ambos, al igual que los Secretarios que salen y entran como en el juego de las sillas, sí encontraron la puerta de entrada a Los Pinos… Aquí todos son aprendices de todo y oficiales de nada.

Y a la Secretaría que más debiera preocuparnos (la de Educación Pública), entra el más agraciado, y si no preguntémosle a doña Elva Esther que se autonombró como el San Pedro de la dependencia. Al menos sí encontré las puertas de la Secretaría de Educación Pública. Pero sirvió para nada porque quien quiere ir al edificio donde han secuestrado la educación nacional.

Y mejor ni hablar del pobre CONACULTA ni de sus dependencias asociadas, porque ahí sí de seguro nos sumiremos en una depresión que no se quita ni con dos meses en Barcelona…

Mientras nos sigan confundiendo y sigamos inventándonos dramas fashion, para tratar de saciar nuestra insatisfacción permanente, nos seguirán pasando por encima, y seguiremos aplaudiendo y pagando puntualmente nuestros impuestos, no vaya a ir siendo que nos perdamos del nuevo capítulo de la telenovela política mexicana… y a todo esto ¿para pasear a su perro, el Presidente sale de Los Pinos a pie o levitando?

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