lunes, 19 de octubre de 2009

Caminando por revolución no violenta. Ensayo y autorreflexión informal.

Por Amérika Moreschi


Desde hace unos años participo en el movimiento de resistencia civil pacífica que encabeza Andrés Manuel López Obrador, y he colaborado solidariamente en varias acciones de resistencia con otros movimientos; sin embargo fue hasta hace aproximadamente un año y medio que el conocimiento y el estudio de la Acción Directa No violenta así como la figura de Gandhi, aunado a experiencias personales bastante significativas, me cambió mi manera de ver la lucha social y las acciones de resistencia. Durante muchos años vi desaparecer organizaciones fuertes, golpear moralmente a compañeros, descalificar posiciones y envilecer mucho de lo que se había construido. Estábamos aprendiendo, nadie nos dijo cómo; pero nos formamos sobre la cabeza de nuestros propios camaradas, alimentando egos y protagonismos y reproduciendo en pequeño muchos de los actos que reprobábamos de nuestro adversario. Más que formación política, al interior de nuestros grupos, era necesario entender nuestra propia dignidad, ocuparse de la fraternidad, así como del prejuicio. Me costó mucho trabajo darme cuenta que yo participaba involuntariamente de esos vicios que criticaba de la clase política; me costó darme cuenta que los cambios sociales que quería para mi país tenía que comenzarlos también en cada paso que daba, debía incluso modificar mi manera de trabajar y de relacionarme con el otro; sólo así podía ser consecuente. Gandhi dijo: “No hay camino para la paz, la paz es el camino” y debía construir ese camino. Estas líneas son algunas pequeñas piedras reflexivas con las lo que estoy fabricando.

Sí el Manifiesto de Sevilla firmado por varios científicos y biólogos dice que el ser humano no es por naturaleza violento, sino que la violencia, dice, puede ser causada por las condiciones de su entorno, entonces tenemos esperanza. El ser humano inherentemente social, según Sergio Bagú, está en formación y mejorará su proceso mental en la medida en que desarrolle un conocimiento profundo sobre los otros y sobre si mismo. Gandhi pensaba que la justicia social era como un bebe que crecía con la ayuda de todos. Este es el deseo que nos une a todas las organizaciones y los grupos sociales, que este proyecto que nos hemos trazado de humanidad avance. Tomando estas premisas podríamos considerar que el proceso más humano, se refiere a la justicia, a la igualdad, a la paz, a la libertad y el proceso más inhumano se refiere al genocidio, al odio, a la guerra. Cada paso que damos puede avanzar en el proceso de deshumanización o en el proceso de ser más humanos cada día. Este es el primer aprendizaje de la revolución no violenta.

La fortaleza de las acciones no violentas esta cimentada en la idea de que la violencia es una debilidad sobre la verdad; como no hay argumentos, se usa la violencia para defender una postura, por eso la no violencia es un camino de fortaleza. Así le llamó Gandhi Satiagraha, es decir, fuerza de la verdad. Si hay dos personas mirándose de frente y una de ellas tiene un arma apuntando a la otra, no importa de qué nacionalidad sean, qué religión ejerzan, qué ideología profesen, lo más significativo es darse cuenta que una de ellas es más fuerte; pero ¿Es más fuerte la que está armada? La lucha no violenta ha cosechado grandes triunfos sociales, es una energía poderosa que no se limita, como se hace creer, a gritar consignas en una marcha o a poner flores en los cañones; son acciones organizadas de individuos que están en constante formación, y que por la fuerza moral han derrotado desde el inicio a quien ejerce la violencia. Por eso, muchos activistas han dejado el nombre de resistencia pacífica por el de no violencia activa, pues este último tiene un carácter más dinámico, porque no sólo involucra la no cooperación, que es un nivel de la lucha, sino que también se pretende construir un orden social diferente.

Participar en acciones no violentas involucra estar dispuesto a romper nuestros propios paradigmas, que incluye nuestra forma de relacionarnos con la autoridad, entender que una cosa es resistir y otra desobedecer, no es lo mismo firmar una carta pidiendo la liberación de los 12 detenidos de Atenco que ser uno de los detenidos. Involucra distintas posiciones en la lucha. En una es solidaria, en otra participativa. La Desobediencia Civil, implica reflexionar sobre la ley y el castigo; durante toda nuestra vida se nos ha inculcado un respeto inalienable a las leyes sin cuestionarlas; empero, la historia nos demuestra que las condiciones actuales favorables se han producido cuando se ha desobedecido una ley injusta, la desobediencia ha sido un motor fundamental para el avance de la humanidad. Las conquistas laborales, de equidad de género, los derechos humanos, serían impensables sin la dignidad de gente que decidió desobedecer la ley y que pagó muchas veces con su vida o con la cárcel sus actos. Y esto es otro punto importante a pensar: la desobediencia de una ley esta involucrada con el castigo. Quien está en acciones de desobediencia de la ley tiene que tener una meditación también sobre el castigo, porque todo el orden social se basa en la obediencia ciega y en el castigo ejemplar. El adoctrinamiento social esta cimentado en la obediencia ciega, con un valor incluso sacro “Porque lo digo yo que soy tu padre” “El que obedece no se equivoca” “El cliente siempre tiene la razón” “Hazle caso a tu maestro” etc. Tenemos enraizada la ley como algo sagrado, por eso cuesta tanto trabajo desobedecerla; si entendiéramos, que la ley cambia todo el tiempo, que es un proceso dinámico, no tendríamos ningún problema en obedecerla cuando nos ayuda a avanzar socialmente y en cambiarla, o en desobedecerla, cuando es inhumana; pues esta desobediencia no atenta, ni destruye, ni humilla, el cuerpo del adversario; porque si no caemos en la trampa de la moral oficial y nos sentimos hasta culpables; es necesario entender, que esto en la historia se ha hecho hasta el cansancio por todos los que respetamos; es lo mínimo que hay que hacer cuando alguien juega con una legalidad falsa y acordada entre pocos. Gandhi pensaba que si una ley hacía avanzar al bien común era necesario obedecerla; pero, por arriba de la ley está la conciencia, y si existe una ley que atenta contra tu dignidad, que es inhumana e injusta, es preciso desobedecerla, aunque afecte un orden institucional establecido; la desobediencia de estas leyes son actos de una dignidad profunda y de una fuerza moral enorme. Los medios de comunicación (mal llamados así, pues no cumplen un proceso de comunicación), se encargan de atacar la fuerza moral de los luchadores sociales; por eso el luchador no violento tiene que entender que la desobediencia es necesaria y digna, y que además, es el mínimo piso para la justicia social.

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